26 agosto, 2006

Chiapas: ¡Quién pudiera servir a un gran señor!

Roberto Albores Guillen
Chiapas: ¡Quién pudiera servir a un gran señor!
Gracias a Dios que por fin cambiará el gobierno del Estado de Chiapas. Ahora sí que regresaré tranquilo, porque espero un juicio justo. Durante estos cinco años he sido víctima de una verdadera persecución política, que me ha llevado a estar alejado de mi familia durante lo mejor de la infancia de mis hijos y la flor de juventud de mi esposa. Sólo me queda el consuelo, pequeño, pero algo consuela, que durante este tiempo he podido realizar los estudios de doctorado en España. Al final de este periodo la Providencia quiso que me detuviera la Interpol en Madrid, si es que se puede decir que me detuvieron. Ya he dicho en este blog que yo acudí a la policía española del Congreso de los Diputados y me identifiqué de pies a cabeza, no sin antes haber ido a Amnistía Internacional para denunciar el acoso de Pablo Salazar contra sus oponentes políticos. Gracias a mis amigos de España, los profesores de mi doctorado, puedo mantener relativamente actualizada la información que aquí publico (por cierto, recuerdo que este Blog de denuncia lo tenía funcionando desde antes de que me detuvieran).

Ahora que se aproxima mi regreso a México, esposado y entre dos policías (hubiera preferido volver de otro modo), conviene recordar lo que ya he dicho en otras ocasiones, porque con mi regreso volveré a ser noticia en Chiapas. En este momento sólo quiero recordar que veintiocho días después de mi "entrega" a la policía española, el fiscal general de Chiapas presentó dos nuevas causas penales contra mí (¡seis años después de que dejara mi cargo de subprocurador general del Estado!). Recuerdo también que la orden de la Interpol que se presentó para mi detención estaba anulada por un juez federal (amparo 145/2005), pero el fiscal general de Chiapas, Mariano Herran, intentó arreglarlo presentando una nueva orden de aprensión por los delitos de "asociación delictuosa", "ejercicio indebido de funciones" y "peculado" (los delitos que siempre utiliza Pablo Salazar). También quiero recordar que mi abogado Felipe Mendoza logró probar mi inocencia y obtuvo la consiguiente declaración de nulidad de tres sanciones que me había impuesto la honorable Contraloría del Estado. La suma de estas tres sanciones ascendía a 270 millones de pesos, repito, doscientos setenta millones de pesos (al mismo Vicente Fox se le informó de que yo había sustraído esa cantidad de los fondos públicos).

En fin, a estas alturas, después de siete meses en una prisión española, que no por ser española deja de ser una prisión, y ante el cambio de gobierno en Chipas, debería alegrarme porque sé que mi libertad ya está cerca. Pero la verdad es que tengo ganas de llorar, porque, a pesar de ver ya el final, tanta iniquidad no se borra con dos palmaditas en la espalda. Cuando a San Pablo –ya quisiera parecerme a él- le fueron a poner en libertad después de azotarle y tenerle varios días preso, él no se contentó con unas buenas palabras de perdón por parte de los carceleros. "Que vengan los jefes de la sinagoga a sacarme", respondió. Pues lo mismo diré yo: ¡que venga Pablo Salazar a sacarme! No señores, no puede ser, no puede ser que todo termine así, y que este hombre se vaya de rositas. Por mi parte les aseguro que vamos a probar ante la justicia los abusos que ha cometido, y trataremos de que pague en su carne lo que ha hecho sufrir a tantos. No es venganza lo que pido, sino justicia y verdad.

Por favor, quienes lean este blog, ayúdenme en esta causa como buenamente puedan, que yo haré lo que esté de mi parte para que, al menos, me devuelvan la honra que me han robado, porque el tiempo perdido ya no lo veré jamás. Pero, al menos, que mis hijos puedan caminar con la cabeza alta sabiendo que su padre era inocente.