08 febrero, 2006

Discurso ante el Congreso Mexicano
sobre la represión en Chiapas
por Miguel GONZÁLEZ

Señores diputados y diputadas integrantes del Grupo de Trabajo de seguimiento -a las ya, muy recurrentes, casi cotidianas- agresiones a periodistas y medios de comunicación.

¿Por dónde empiezo?

Si tomamos en cuenta que el motivo de nuestro encuentro es hablar de la “despenalización de los delitos de prensa; elementos para una reforma legislativa”, nadie mejor que los chiapanecos -y digo esto con toda vergüenza al tocar el tema porque como sociedad no pudimos evitar que, sin vergüenza, el ejecutivo y el legislativo de mi Estado nos pusieran, según ellos, “a la vanguardia del Derecho Penal” (como de manera ufana lo publicitara el gobernador Pablo Salazar Mendiguchía) quién a decir verdad, no mintió porque su reforma al Código Penal aprobada -en lo oscuro- la LXI legislatura de mi Estado, con su molicie, nos puso a la vanguardia, pero en el sentido contrario a la lógica y la tendencia internacional.

Hoy, desde el nada honroso primer lugar para Latinoamérica en penalización de los delitos que a prensa se refieren, a nuestro gobierno no le es suficiente utilizar como herramienta al Derecho Penal) - lo que debe ser el último instrumento de un gobierno más o menos democrático, sino que hoy se vale de artimañas dolosas y legaloides para agredir a sus críticos.

El más reciente caso, la detención en sábado (con el plus del lunes día festivo) de mi compañero Angel Mario Kasheatto Flores acusado, sin probanza de por medio, con la complicidad del Poder Judicial.

En suma, legislativo y judicial cooptados o Ejecutivo y Judicial y Legislativo de acuerdo armónicas comparsas del retroceso.

SEÑORAS Y SEÑORES:

Vengo de Chiapas en mi calidad de periodista, a pedir de manera sentida oídos al clamor de los chiapanecos. Vengo sin sotana y sin capucha, como un ciudadano más, a pedirle a la consciencia de la República y la prensa crítica aquí reunida para que vea hacia Chiapas. Esa entidad de la que el poeta de mi tierra Enoch Cancino Casahonda concibiera como una célula infinita que sufre, llora y sangra. ¡Cuánta verdad encierra su idea!

En Chiapas, barras y colegios de abogados, salvo una honrosa excepción, la de Gabriel Soberano Velasco, no se atreven a hablar de la mordaza. Los líderes sociales, los que aún andan libres, rehuyen el tema. A los que están presos se les entiende su silencio. ¿y la prensa? Esa que cada 7 de junio se dice orgullosa del legado de Belisario Domínguez,… tampoco. Esa, es nuestra dolorosa realidad.

En Chiapas, sucede de todo y no pasa nada. Igual puede encarcelarse a un periodista o tenerse preso a un individuo durante años sin dictársele sentencia; que ver desaparecer la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, y no pasa nada. En serio. Sucede de todo y no pasa nada. Eso me recuerda a otra paisana ilustre, Rosario Castellanos, y su Memorial de Tlatelolco. Cuando algo sucede en Chiapas, desde el gobierno, que agravia a la sociedad, se repite aquella célebre cita: “al día siguiente la plaza amaneció barrida y los periódicos y la radio y la televisión dieron como noticia principal el estado del tiempo….” Ese es hoy el tiempo de Chiapas. Pareciera como una especie de tiempo de canallas en donde nadie se atreve, y el que se atreve, suele ser huésped distinguido de cualquiera de los penales.

En Chiapas, la gran mayoría de los medios ante la amenaza que significa para su seguridad y la de sus familias, la ley mordaza y su gobierno, más que escribir sobre el tema, han optado por la lectura y parece haberles resultado recomendable una curiosa aficiòn: Los Amorosos de Sabines, porque igual que los amorosos: callan.

Y ustedes se preguntarán entonces ¿còmo le hago para estar aquí? Si las leyes son tan severas y la labor periodística tan temeraria. También saltará como interrogante el saber cómo es que no soy un fanático de la literatura y todavía no estoy recluido en El Amate, el reclusorio de moda.

Estoy aquí porque solicité un amparo a la justicia federal. (ya completé cinco) porque pareciera que es necesario vivir así para ejercer la libertad de expresión en mi Estado. Libertad que, ni para los políticos con fuero es dable. Siempre he creído que una de las grandes metas de un político es gobernar en su tierra. En Chiapas, a los profesionales de la política, como lo son actualmente algunos señores diputados y senadores, se les prohíbe expresar su deseo de contender por la gubernatura. De esa forma, violentando su fuero constitucional de acuerdo con lo previsto en el artículo 61 constitucional.

Lo que aquí les digo no ha sido tomado del “Libro de lo Insólito”, aunque pareciera, sino de la Legislación electoral que les coarta la libertad de expresión, como a nosotros los periodista y la sociedad en su conjunto, las modificaciones a los artículos 164, 169 y 173 del Código Penal que elevan las penas prácticamente a rango de los delitos llamados graves. 9 años de prisión y mil días de salarios multa a quien publique incluso un hecho cierto.

Pero, mas bien me trae aquí la necesidad de hablar de los ataques que en Chiapas de manera feroz se ha volcado contra los periódicos, los directivos, los familiares y los colaboradores de Cuarto Poder en la capital y El Orbe en Tapachula. En el caso de Cuarto Poder, el hijo de mi editor lleva años preso sin que se le dicte sentencia. Eso, se ha denunciado a todos niveles…y no pasa nada.

En el caso de El Orbe, el director Enrique Zamora Cruz fue detenido de manera arbitraria, incomunicado, para que respondiera a un maratónico cuestionario. Y ¿por qué? Fácil, porque preguntó ¿en dónde andan los recursos del FONDEM para atender a los damnificados?, con lo que estaba cumpliendo en su calidad de medio de comunicación con su función social. Uno de sus hermanos, Adolfo, hoy se encuentra en el exilio, luego de sortear una severa persecución producto de la invención de un delito. Eso sucedió y no pasó nada.

Regresando al tema de la legislación propia de cualquier régimen absolutista, que me recuerda a los Luises, la comisión permanente del Congreso de la Unión emitió un Punto de Acuerdo el 25 de agosto del 2004, exhortando al gobernador Salazar y al Congreso de Chiapas para que velara por el respeto absoluto a las garantías de libre manifestación de las ideas y la libertad de prensa señaladas en los artículos 6º. Y 7º de nuestra Carta Magna por considerar “que las libertades derivadas de las reformas corren riesgo ante la imposición de la Ley Mordaza” (asì la calificó y eso sucedió el 25 de agosto del 2004 y… no pasó nada-

Pero esas no eran las primeras noticias de lo que sucede a los medios de comunicación y los periodistas en Chiapas. El 1º. de septiembre pasado, legisladores federales chiapanecos exhibieron pancartas aquí muy cerca, en el recinto legislativo, denunciando la persecución que tiene lugar en Chiapas. Aquí sucedió… y no pasó nada.

También aquí, la semana anterior, el coordinador de la diputación federal chiapaneca Dip. Roberto Aquiles Aguilar Hernández presentó un punto de acuerdo solicitando al Secretario de Gobernación Carlos Abascal Carranza que estuviera atento de la situación de riesgo que vivimos los comunicadores en Chiapas. Aquí sucedió, pero ahora, sí pasó algo, a los dos días, como en plan de desafío o burla, al responsable de la política interna del país, personal adscrito a la fiscalía general del Estado, detuvo a uno de los críticos más contundentes del régimen en la forma como se las mencioné al principio.

La crónica de esta detención anunciada la había previsto el propio Angel Mario Ksheratto Flores, como respuesta del gobierno doméstico a la charla que sostuve con el Licenciado Jacobo Zabludowsky, quién se interesó en el tema de la existencia de un título falso del gobernador Salazar, en un hecho inédito, al permitirse que una voz, en un medio electrónico tan importante, denunciara excesos del poder y, desde luego, de paso, la existencia de esta legislación aberrante que riñe con todo discurso democrático.

Parecería broma el hecho –relacionado al tema- de que hoy en Chiapas, exactamente a diez meses de que culmine su administración el Gobernador Salazar, éste ha enviado al Congreso una iniciativa para que se analice la aprobación de una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública; pero llama la atención que pretenda que entre en vigor hasta dentro de doce meses, una vez que su gobierno “transparente” haya culminado.

Y aquí vale una pregunta: ¿de qué nos serviría tener acceso a la información pública si darla a conocer puede merecer nueve años de cárcel. Es urgente su ayuda señores para que se restablezca en Chiapas el orden legal y exista plena la madre de todas las libertades: ¡la libertad de expresión!

Señoras y señores, acudo de nueva cuenta a los participantes en este tan importante foro para que analicen, juzguen y comenten todos y cada uno de mis dichos; para que vean a Chiapas, para que vayan a Chiapas y se convenzan de la realidad que se vive en esa última “tranca” de la frontera sur; a esa tierra que ha dado origen, lugar y cobijo a importantes movimientos sociales, como el levantamiento armado de 1994, cuyo líder sabe que esto sucede y no pasa nada

Espero, confío y tengo fe, de que hoy, que ya saben lo que sucede, algo pase, mientras, yo, me sumaré de nueva cuenta a la tarea de informar in situ la realidad de Chiapas.

En suma, por lo que sucede en Chiapas, se propone que en una cruzada nacional se procure, se promueva y se consiga que el Derecho Penal deje de ser el elemento de gobiernos francotiradores contra sus críticos al trasladar los delitos de difamación y calumnia a los Códigos Civiles de los Estados como ya ha sucedido en algunos casos, tales como, el del Distrito Federal, donde solamente se espera su correspondiente publicación. Valdrá la pena considerar simultáneamente la conveniencia de que autoridades, instituciones, medios de comunicación y periodistas se preocupen por que la profesionalización de los periodistas sea garantía para lograr una sociedad bien informada.

Con lo anterior, se estaría consiguiendo que los gobiernos que hoy son respetados (por el temor que se les tiene) adquieran la condición de respetables si así se lo proponen. Se lograría además que los gobiernos, en sus tres niveles, dejen de tener la condición que les da el privilegio de mandar y de demandar, ultrajando las garantías individuales inscritas en la Constitución General de la República.

Por lo que a los chiapanecos toca, continuaremos esperando que algo pase a favor de la libertad de expresión y no solo suceda nada, en este difícil tramo que en mi tierra- la vox populi- ha dado por llamar como un tiempo peligroso “el de los últimos coletazos del jaguar”. ¡Y ahora sí termino! Lo hago con una frase del gobernador Salazar para quien pido de todos ustedes lograr equilibrio y objetividad, su versión de todos los puntos aquí tratados. Pablo Salazar Mendiguchía, el 27 de noviembre de 1998, emitió una declaración a la que denominó Chiapas: Tiempo de Canallas, cuando se sentía perseguido, y él, se decía “un comprometido con la verdad, la paz y la justicia“: “ni la política ni el gobierno del Estado son propiedad de los gobernantes en turno” …, pero ese texto desde el poder, es asunto olvidado.

Resulta una lástima que lastima, que los tiempos hayan y lo hayan cambiado. Era demasiada la esperanza. Eso, sí, ha sucedido y ha pasado. Hoy por eso en Chiapas nos preguntamos ¿cuál ha sido el verdadero tiempo de canallas?



Miguel González Alonso.
Premio México de Periodismo.
Cuarto Poder / El Orbe.
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